Vancouver

Expuesto

Hay amores que se quiebran cuando aún quieren seguir.

Un llavero que no entra en el cerrojo de tus marcas.
Aceleré, y aceleré mi corazón contra un barranco.

 

Fui yo quien no abrió el paracaídas, quien se lanzó sin salvavidas que lo guarde.
Y no lo digo con rabia; aunque no hubiera señales de que
saldría vivo, volvería a morir mil veces por tu nombre.

Pero ya no quiero salvarnos a la fuerza.
Aunque todo se termine, aunque yo renazca mil veces, siempre me arderá la duda.

Si alguna vez pisaste el
terreno de mi pecho,
o si siempre miraste la película desde tu asiento,
mientras yo solo te traía palomitas,
y te sostenía la mano cuando el
miedo te invadía,
y te aseguraba que no te soltaría hasta que la sala se iluminara.


Y aún, cuando las luces se encendieran, y todo terminara,
te llevaría hasta tu casa para espantar a cada uno de tus monstruos,
sin preguntar —siquiera por cortesía— si tú

me salvarías de los míos.