Rodrick D. Israel

Eres para mí una manzana prohibida...

Manzanas, manzanas como tú... Tu piel tan suave al tacto; perfecta, que recuerda las rojas manzanas, pequeños soles cautivos entre las ramas de los frescos valles...

Y ese hermoso rubor natural en tus mejillas, esa belleza tuya que se asemeja a las manzana jovenes, a ese rojo vigor tan tierno, fruto de la esperanza, de la vida y del amanecer...

Esa voz tan cálida y dulce, como un mordisco febril a una manzana en primavera, y su frescura, como aquel rojo tan suyo al viento...

 

Sencillamente bella y completa, como una manzana perfecta y sensorial, tan prohibida como esbelta, y como el fruto de todo pecado original... Estoy intentando superar el asombro que siento solo de verte, pequeña manzana de verano... A veces quisiera estar de ti \"enamorado\", con esa idea efímera del amor que ahora se tiene; como en las historias que susurran los jóvenes en las calles... Más no como ahora, con tanta fuerza fascinado, cuando ni siquiera puedo tenerte...

 

Pero es que yo no puedo, porque, me encantas con la intensidad del fruto prohibido, te veo y me siento tentado a querer probarte toda... A saborear tu escencia, hay algo en tu mirada; en tus ojos, como si la lujuria tomase mujer por personificación, como la manzana del Edén, tus ojos son solo tentación, y estoy dispuesto a morderte si por ello debo salir de mi jardín, y dejar aquellos arboles, aquellos frutos, aquella flor... Quiero salir y descubrir el mundo, al lado de la mujer vas revitalizante cuál dulce nectar... Si con probarte a ti, siempre suave, siempre dulce, siempre alegre... Me das vida, y energía de solo verte... Cómo el silvestre secreto de una manzana...

Tu inteligencia y tu intriga me atraen inevitablemente, como la fuerza de la gravedad que se impregna en mis huesos, aquella que le hizo descubrir un mundo nuevo a aquel Newton indiferente...

Me fascina tu mente, y de tu corazón hoy quiero ser un nuevo huésped, para así quedarme, en tus recuerdos, en tu mente; para siempre, y que me lleves tu guardado en ese frutal corazoncito eternamente. 

Lo siento, por todo, por habe sido tan yo. Lo siento, pero para mí eres la manzana más alta entre las gentes, de esas que están en las copas, morando a lo lejos tan sutil... Y nosotros; los mortales, tenemos el miedo serpenteando nos el alma... Oh, cuan difícil es infiltrarse en el arbol de la vida, y tomar allí los frutos rodeados de sus savia, de sus flores... Y da miedo, lo se, a veces, atreverse a escalar, semejante ermitaño colosal, sin conocimiento del destino, de la suerte ante los fallos y caídas... Ese miedo ante la casualidad tan feroz de la vida que como destierro desde el cielo nos desprende de aquel sueño que cautiva y embriaga a los hombres...

Y no se, pero por probar de tu ser daría todo, hasta mis huesos, hasta mi alma, hasta mi ser... Y después de mil caídas aún subir es un peligro, y sabiendo que de una mordida arrancaré al fruto conmigo, y aún así, y aún asi, que puedo hacer, si al sentir yo tu dulce aroma, tu dulce trino, no puedo hacer mas que seguir de ti enamorado, fascinado cual estatua esculpida por el asombro ante tu figura... Lo siento Criss, lo siento, pero de ahora en mas eres mi manzana, por qué he pecado, lo siento, y aun asi, ya he decidido morderte, y me levantaste el apetito, te amo, Cristina, te amo...