Nkonek Almanorri

HAY PERSONAS QUE NO SOBREVIRÁN A LA TECNOLOGÍA…

 

 

El mundo actual, éste al que estamos sometidos por ignorancia, cobardía y hasta hartazgo ha sido ya rediseñado de tal manera para que, primero esta sociedad empobrecida y acobardada y después la tecnología puesta al servicio de los nuevos Señores feudales la arroje sin misericordia a exclusión social. Hoy ya hay, existe, la certeza de que el riesgo real no es la rebelión de la máquina, de las máquinas ya bajo el control, o con el control, de la IA sino la atrofia de la capacidad humana, atrofia mental quiero decir. Hoy a las seis de la mañana y en el aeropuerto de Madrid (este aeropuerto lleva el nombre de un ex Presidente de Gobierno español al cual una denuncia primero y una investigación periodística después puso al menos bajo la seria sospecha de ser un personaje que en su tiempo en el cargo ejerció abusos sexuales sobre una mujer cercana a él, el caso fue cerrado por fallecimiento de éste, ¡¡faltaría más!! pero el aeropuerto aún lleva el nombre de alguien que, sabiéndose cómo es la clase política española, al menos cabe la sospecha de que algo hubo o pudo haber); decía que en el aeropuerto de Madrid me encontré a un señor de avanzada edad en estado de desesperación infinita; me contó que su hija solo le pudo acompañar hasta la puerta donde desde detrás de ésta debía buscar él solo la puerta de embarque, el hombre estaba perdido, desesperado, su tarjeta de embarque impresa, dado de que no tenía móvil, no entendía, no sabía dónde mirar para buscar su puerta de embarque, había pedido ayuda y nadie le pudo, o no quiso, atender: este es el mundo de una tecnología que no está por la labor de ayudar a una sociedad que no tuvo la suerte de nacer en la era del “conocimiento” y que busca apartarla, aburrirla y a veces creo que matarla. Una vez que le pude llevar hasta su puerta de embarque le pedí tuviera la dignidad de pedir ayuda hasta que entrara al avión si la necesitara; allí se quedó.  Cuando me alejaba decidí volver la mirada atrás y fue cuando vi que aún me miraba, levantó su mano con su tarjeta en mano y nos despedimos. Seguramente que esta noche en la cena le comentará a su único hermano vivo, de 91 años de este caso de esta mañana…