El susurro intenso de tu llamado, nace y termina en ti, y yo ataco el aire que me lleva hasta el suspiro urgente de poseer esos breves e intensos estallidos de tu cuerpo. Para quedarme en la arena de tu destello para admirarte. Que hermosa es mi mujer cuando es libre y soberna de sí misma. Le he insistido al cielo, al suelo y al viento —a quienes hablé de mis deseos— para tenerte mía y entera mientras avanza el delirio de esta noche. Contigo mi cuerpo camina hacia el ímpetu que aviva a mi carne, en el respiro de estar ávida de ti. El calor brota entre las sábanas desde lo más profundo, ahí donde la estela de tu silueta provoca ante los pormenores de tu piel. No quiero que esta noche termine, no quiero que nada me separe de ti. Porque me quema el eco de tu deseo mientras mis manos suspiran: \"Te necesito\". Que delicia cuando te tengo, sabiendo que mis manos se despliegan en cada movimiento sensible de tu piel. Lo sabes, muéstrame las estrellas con tu beso, hasta desarmar los hilos que aquietan mi boca. Solo sé que la cruda exploración con el hambre de tu piel, se libera en la sed de escribirte, describiendo aquí lo que significa el placer de amarte y expira mi deseo en tu poderoso beso, ese que termina suave, sedoso y deseoso de amarnos otra vez y otra más.