Quisiera labrar la tierra
Escarbarla hasta su entraña incierta
Despojar de aquella la semilla que aloja
De la cual brotan verdades y congojas
Sus raíces ya están enraizadas
Se acobijan en los dulces arropos de mi calma
Y así corrompe la vigilia, sigilosa y agazapada
Pues hace que hierva en mi, el rio escarlata
Ya no existe vuelta de retorno
Pues se han apoderado de mi, parece otoño
Mi delirio alimenta a las sedientas
Siguen creciendo, ¡Ay de mi, que no cesan!