LA VOZ DEL VERSO A SU AUTOR
Silencio en la página, ¿quién te ha dictado
la chispa que incendia este trazo febril?
¿Qué musa te guía, qué aliento te ha dado
la fuerza indómita de un grito sutil?
Me has tejido con hilos de sombra y de lumbre,
me has dado existencia, dolor y placer.
Mas dime, creador, ¿qué buscas que alumbre
en esta palabra que te hace nacer?
¿Es el eco de un llanto que no has vertido?
¿La risa callada de un tiempo fugaz?
¿El rastro de un sueño que creíste perdido,
o la herida que sangra y no encuentra la paz?
Me has vestido de metáforas, de ritmos, de rimas,
me has pulido la forma, me has dado un compás.
Pero dime, ¿qué abismo, qué altas cimas
resuenan en mí, y te obligan a más?
¿Eres tú quien me escribe, o soy yo quien te invoca
desde el limbo de ideas, buscando una voz?
¿Soy yo la respuesta, o la pregunta loca
que te arrastra a la tinta, eterno, veloz?
Dime, poeta, ¿qué anhelas que yo revele?
¿Qué verdad escondida te urge desatar?
Soy el lienzo, la arcilla, la llama que duele,
la pregunta que vive, esperando tu hablar.
No me dejes tan solo en el blanco infinito,
responde a mi eco, revela tu afán.
Pues al fin, tú me creas, yo soy tu grito,
¡dime quién soy yo, que en ti hoy germinarán!
Poeta, ¿quién soy yo sino el reflejo de tu abismo, el eco de tu anhelo? Habla, que mi ser depende de tu verdad