Ricardo Antonio

A Tu Lado

 

No le pido al cielo más estrellas,
ni al amanecer un nuevo resplandor,
porque en tus ojos encuentro la luz
que acompaña mis pasos cada día.

No necesito jardines lejanos,
ni promesas escritas en el viento;
me basta tu mano junto a la mía
y la paz que encuentro en tu silencio.

Hay amores que nacen como fuego,
brillan intensamente y luego mueren;
el nuestro es como el río que avanza,
sereno, constante y siempre presente.

Me gusta verte en las cosas sencillas:
en el café compartido de la mañana,
en las conversaciones sin prisa,
en las risas que llenan la casa.

Porque el amor verdadero no siempre grita,
ni busca adornarse con grandes palabras;
a veces simplemente permanece,
fiel como la luna sobre las aguas.

Y si alguien me preguntara algún día
qué tesoro he encontrado en esta vida,
no hablaría de oro ni de gloria:
diría tu nombre...
y sonreiría.