Sobre tu pecho
lloran jirones de nubes.
Sobre tu pecho
afloran las inquietudes.
Cae una lluvia sin relámpagos,
naufragio de olas mudas
que recorren desnudas
despertando rezos antiguos.
Son gotas del agrio ayer
buscando el mapa de tu piel,
los rasguños de un querer
que olvidaron serte fiel.
No es sudor lo que resbala,
son penas de un adiós ambiguo;
una ansiedad que exhala
el humo de un perdón exiguo.
Allí donde el dolor es reto
se para el tiempo a mirarnos;
cada nostalgia es un secreto
que el cielo no supo guardarnos.
Al final solo queda lo primario,
ese hielo azul que cala los huesos
cuando la lluvia se vuelve sudario
y la frente un desierto de besos.
Sobre tu pecho
ya no hay nubes, solo escarcha
habitando el hueco infinito
de un amor que lloró su jarcha.
Sobre tu pecho
el firmamento se deshace
y en el pulso que subyace
mi propio salmo... al fin renace.
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