Se nubla mi pensamiento,
suenan truenos en mi pecho
y se rompe mi entereza.
He visto gemir al día
cuando del horizonte ascendía.
Se asomó al horizonte,
alcanzó su cénit orgulloso,
y feneció majestuoso.
¡Qué horrible destino,
desaparecer en el camino!
Mañana, si amanece...