Ehur Orth

Evadirle a la tristeza... (Poema recitado)

Siempre intento evadirle a la tristeza,

me escabullo de su impertinencia…

y me distancio de la ansiedad que manifiesta.

 

Me quiero liberar de su fastidiosa suspicacia…

que asedia e insiste con angustiarme,

mientras hago el esfuerzo por mantenerme ecuánime.

 

El gran dilema de la existencia…

son estos debates cotidianos…

que no te permiten alejarte…

de una vez por todas,

de lo que te apremia.

 

Todos vamos por la vida…

supuestamente conscientes,

pero como cuesta decirle que no a las querencias,

nos aferramos a lo pernicioso,

como un apego incontrolable que subyuga…

y nos esclaviza a su fatal obediencia.

 

Los vicios y las malas prácticas nos dominan,

eso, lo de considerarse humano nos estigmatiza…

y entonces, ahí vamos…

formando parte de la manada,

sin estrenar el carácter,

siendo míseros sumisos,

servirles a los antojos de quienes nos usan.

 

Quien creyera,

pero también el falso amor nos suspende…

en un círculo vicioso,

en un remolino que nos atrapa…

y nos hace girar en torno a su dependencia.

 

Y por más que lo que creamos superado,

vuelve, una y otra vez a convencernos,

haciéndonos presumir que podría ser,

sin que este aforismo sea cierto.

 

La única verdad…

ineludible,

es, si el amor existe,

definitivamente, es fácil reconocerlo…

en la inexplicable coincidencia…

en esa mirada simultánea,

en una tierna caricia que nos eriza…

y hasta nos conmueve el alma.

 

El amor es tan evidente y despistado…

que no requiere de nada calculado,

solo se expresa,

se percibe en el ambiente,

se exterioriza con ingenuidad desmedida,

tan inocente como honrado,

tan simple como decente.

 

Así es el amor cuando es sincero,

no recurre a apariencias,

se muestra coherente…

con una armonía que da calma…

y emociona hasta las lágrimas.

 

El amor verdadero es así,

así de arriesgado y elocuente.