Ya no hay bambúes
buscando el cielo.
La noche calla.
Respiro.
Llueve un poco adentro.
Una palabra.
Después, otro silencio.
Mi mujer está cansada.
Frente al espejo recoge
los restos de su rostro.
Yo la busco entre lirios y tulipanes.
Pero la luna que nos sostuvo ha cambiado de jardín.
La peonía del patio
se marchita lentamente.
También la promesa del verano.
Altiva... Distante...
En sequía pronuncias mi nombre.
Y el tiempo,
como agua entre los dedos,
ya no regresa.