El mayor problema de un alma que ama profundamente,
es que siempre escuchará hasta que la copa esté vacía,
pero probablemente nunca sea escuchada
y muera con todo aquello que calla.
Ese vacío de esperar
y de buscar cuando no se sabe lo que se busca;
solo se sabe que se ama lo que no está,
y la ausencia duele,
aunque a veces sea lo mejor para respirar.
Y, como último acto de amor,
te extrañaré hasta que no me quede vida,
porque tenerte aquí mientras me lastimas
solo es un temporizador
de cuánto me queda para morir.