Padre, recibe este inmenso abrazo que atraviesa las misteriosas baldosas del infinito.
He entendido que la muerte no es la clausura del camino. Y aunque en el calendario se amontone la nostalgia, tú ya resides en el bosque más glorioso de mi memoria.
Aquí seguimos, recordándote en cada uno de nuestros pasos. ¡Te extrañamos!
No te olvidamos… y nunca lo haremos.
Yo permanezco aquí, con la mirada puesta en las estrellas y los bolsillos llenos de recuerdos y enseñanzas.
¡Qué grato es el verte saborear tu platillo favorito, las enchiladas!
¡Muchas gracias, jefe, te amo!