El odio, la bronca, me arrastran y me separan de ellos. Enfurecen mi pecho.
No puedo hacer que mi odio se transforme en amor.
El corazón explota de odio; partículas de sangre envenenadas recorren mi cuerpo.
El odio hace una triste melodía, encadenando los únicos espacios de alegría que tiene mi mente.
Mi voz convierte mis recuerdos en un festín: se ríe y traza líneas del bien y del mal en mi mente.
Los miro, no respondo.
Solo fabrico idiomas que traten de no alejarme de ellos.