Reyshell Mendez

El féretro del almaa

 
No solo se guarda luto
al fallecer un ser amado;
la muerte también rasga el alma
a causa de la decepción y el engaño.
Cuando el espíritu siente
que han asesinado su esencia,
desgarra su vestidura de luz
para cubrirse de negro,
experimentando esa gélida penumbra
como la piel fría de un cadáver.
Llora en el más absoluto silencio,
percibiendo que sus afectos han perecido
y que la vitalidad se ha extinguido.
Cuando decidimos soltar por fin
lo que por tantos años causó sufrimiento,
—sea el entorno familiar
o un amor maltratador—
y elegimos avanzar
para no habitar más en la agonía
de ese apego emocional sostenido por décadas...
se siente como caminar en un camposanto.
Sientes que has deambulado entre lágrimas
durante eras enteras,
y que las circunstancias te cegaron
ante esa armadura de duelo,
donde el velo invisible del tormento
te obligó a cargar el féretro de tu propio ser.
Siento el frío del fallecimiento de mis ilusiones,
mientras el declive de la confianza
me susurraba su triste despedida
y yo me negaba a escucharla.
Te pido perdón, alma mía,
por ignorar tus lágrimas,
y por ese cansancio emocional que construía
en la sombra una fosa para los anhelos ya marchitos.
Te pido perdón por este proceso de separación
que hoy me hace transitar el vacío y la desolación,
antes de vislumbrar el último destello
en esos ojos grises que apagaban su brillo.
Hoy valido este quebranto,
y me arrodillo ante el Ser Supremo,
implorando que me otorgue consuelo
y me permita llorar al amparo de su regazo.