Tú, que me amas y en tu pecho,
guardas la luz de un sol presente,
no me ofrezcas tu mañana,
que mi alma vive en el poniente.
No es la que duerme a mi lado,
la que dueña es de mi aliento,
ni la que borda mis días,
con el oro de tu tiempo.
Es otra, una sombra errante,
que en mis noches se ha metido,
una ausencia que es presencia
y un olvido sin olvido.
Tu mano busca mi mano,
más la mía tiembla, fría,
porque sabe que tu cariño,
es una luz que, no me alumbraría.
No me llames, no me esperes,
que el amor que tú me ofreces,
se estrellará en este pecho,
donde otra, y no tú, crece.