La Carta a Mamá๐ฅ๐ฅ๐
Madre querida:
Hoy vuelvo a escribirte
como en aquellos años ya lejanos,
cuando un pliego bastaba para unirnos
más que todos los trenes y los barcos.
La tarde está cayendo lentamente;
la ventana se llena de recuerdos,
y al mirar cómo tiemblan las campanas
también mi corazón se vuelve viejo.
Aquí la vida sigue su camino.
Se gana el pan con noble sacrificio;
hay sonrisas que esconden el cansancio,
como flores nacidas entre espinos.
No temas por mi suerte. Dios me ayuda.
Jamás faltó a mi mesa un pedazo de esperanza,
ni una mano sincera que alabara
la honradez que aprendí bajo tu falda.
¿Recuerdas aquel patio?
Aún florece en mis sueños.
El jazmín de las noches no ha perdido
su perfume de infancia y de silencio.
Muchas veces el mundo nos engaña
con promesas de gloria y de fortuna;
pero vale más una paz humilde
que un palacio cubierto de amarguras.
He visto hombres soberbios y poderosos
inclinar la cabeza ante la pena;
porque el oro no compra la conciencia
ni el descanso que otorga una alma buena.
Si algún día mis pasos se detienen
y la distancia al fin vence al camino,
guarda esta carta junto a tus rosarios;
será como abrazarte en el olvido.
Y cuando Dios disponga mi regreso
a la casa que nunca tuvo puertas,
quiero hallarte sonriendo como siempre,
con el mismo perdón y la fe inmensa.
Porque todo en la vida pasa, madre:
la riqueza, el aplauso y la victoria.
Sólo queda el amor que hemos sembrado,
esa humilde herencia de la memoria.
Recibe, pues, el beso de tu hijo,
que aunque lejos jamás dejó de amarte;
y si el tiempo marchita tantas cosas,
no marchita el amor al recordarte.
Con el cariño de siempre,
Tu hijo, Hilario.
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