Purificando el alma de pecado,
elevo hasta el cielo mi oración,
buscando en el perdón mi redención,
mi espíritu por fin habrá sanado.
Dejo atrás el sendero equivocado,
renace en mí una nueva sensación,
al encontrar la ansiada bendición,
todo mi ser se siente renovado.
Es tiempo de volver a caminar
con la quietud que da la madurez,
ver la vida con tanta lucidez,
es una invitación para soñar.
Hallé la paz que siempre había buscado
elevando mi fe y mi devoción,
tras recibir tan clara bendición,
el horizonte veo despejado.
La vida vuelve a ser un nuevo altar
guardando en mi interior esa firmeza
que me libra de toda mi tristeza
al permitirme al fin recomenzar.
Classman