el aguacero estaba
engendrándose aún
cuando la claridad
se llevó la mirada
el crepúsculo
aparecieron astros luminosos
como chispas
y la ciudad subía
atmósfera humeante
rieles de chimenea
hogareños escrúpulos
que acogían reflejos licuosos de la luna
concomitantes luces todo fuego
como gran chimenea
por incontable indivisible
gran cicatriz de espada de horizonte
hasta que el sinuoso océano
entró sin estrategia
con madera de ojo
del surtidor de la primera cueva
a la salida angosta del paisaje
por la puerta trasera asomando
una lluvia de tiempo que no pasa
un insomnio de estrellas y silencios
caminaba
en un sueño continuo
el alba no era más que un fósforo
lo acogí como pude
como si fuera mío
pero el agua juntaba
charcos de gelatina
hasta la inundación
de lo que llamo pátina
algo que se asemeja
más que un solo segundo al anterior
algo que hace vibrar un beso y sentirlo en el aire
en una hoja de almendro o de cerezo
en este mismo folio
en mi cuerpo sin límite de fe
sin límite de espejo