CH.

Sin respuestas

No entiendo.
Esa es la verdad:
no entiendo cómo alguien
te mira como si fueras el último vaso de agua en el desierto
con ternura, con deseo, con esa cosa tierna que duele
y después, horas o días después,
te deja flotando en un silencio
que no es paz, es abandono.

Vos me ves con ojos que parecen decir \"quedate\".
Pero después no hay un \"quedate\" que dure más de una noche.
Después hay mensajes que no llegan,
llamadas que no se devuelven,
un domingo que no existimos
porque vos decidiste que existir juntos
era solo para el rato previo.

¿Acaso no me querés ni un poco?
Me lo pregunto todas las madrugadas,
cuando el techo de mi cuarto
es el único testigo de esta punzada
que me parte justo en medio del pecho.
Ahí, en la hora más oscura,
cuando no hay nadie mirando
ni nada que fingir,
me pregunto si alguna vez
ocupé un lugar real en vos
o fui apenas un cuerpo caliente
al que le dijiste cosas lindas
para que se quedara quieto.

Porque si me quisieras, aunque sea un poco,
¿no dolería tu ausencia?
A vos no te duele.
O si te duele,
aprendiste a curarlo con otra,
con distracciones,
con el celular que siempre suena
mientras yo espero que suene el mío.

Yo estaría dispuesta a arrancarme el corazón
si me lo pidieras.
Y esa no es poesía,
es verdad.
Te daría los pedazos sangrando
y te preguntaría si querés más.
Pero vos no pedís mi corazón.
Vos pedís mi cuerpo
y que después me haga chiquita,
que no pida nada,
que no espere nada,
que no me duela
cuando te vas sin despedirte.

Y esa es la herida más honda:
no es que no me quieras.
Es que me querés de una forma tan pobre,
tan intermitente,
tan cuando «me conviene»,               que a veces es peor que el odio.
Porque el odio al menos es constante.
Vos sos un calor que se apaga
antes de que termine la noche.

¿Qué hago con esta ternura que me diste
si después la congelás como si nada?
¿Qué hago con ese deseo que sentí en tus manos
si después esas manos ni siquiera escriben «hola»?

No sé si existe una respuesta que calme esto.
Solo sé que en las madrugadas
sigo punzando,
sigo preguntando,
sigo esperando una explicación
que nunca va a llegar
porque la verdad es más simple
y más horrible:
podés mirar con ternura a alguien
sin quererlo de verdad.
Podés desearlo con el cuerpo
y no desearlo con el alma.
Podés ser tierno un rato
y después ser nada.

Y nosotras,
las que esperamos,
las que nos arrancaríamos el corazón por dos palabras lindas,
nosotras somos las que pagamos el precio
de esa diferencia.

No sos vos el problema.
Sos mi pregunta constante.
Pero una de estas madrugadas 
me voy a cansar de preguntar.
Y esa va a ser la única hora
en que realmente me duela.