Abajo dormitan las piedras del suelo,
arriba lo alígero surca el imperio,
y justo en la línea de un soplo etéreo,
inmarcesible amor suspende su vuelo.
Es puente invisible de luz y de sombra,
misterio inefable que el pecho atesora,
la fuerza sagrada que el alma devora,
el vaho secreto que el labio ni nombra.
No es tierra marchita ni sol infinito,
habita en el filo de un dulce destino,
un roce sagrado que quiebra el olvido
y deja en la carne lo eterno esculpido.
En ese misterio que funde el anhelo,
el amor es umbral entre el suelo y el cielo.