¡Hala, rey furibundo, poseído de traíllas deslumbrantes y coléricas!
¡Hala! Forja la luz hambriento de cerrazón.
Haz el filo acolmillado, excava sonrisas y penas y mata el sueño.
¡Hala! Extranjero de mi cuerpo, vete sin ensuciar tu boca con un adiós.
Está aquí mi plegaria espinosa que va a magullarte la fe porque el final es nuestro.
Nos pertenece sediento, sin lengua.