Sus ojos no son verdes.
El verde viaja por ellos.
Cuando salen a buscar el mundo,
se tragan las distancias.
Dejan el aire lleno de chispas y golondrinas.
Toda la luz entra en ellos
y de ellos salen bandadas de luz.
Por eso ya nadie sabe dónde termina la tarde.
Sus ojos cambian
con la fatalidad de las estaciones
y el oficio de la naturaleza.
He visto la risa encenderse en sus ojos,
antes de llegar a su boca,
y también la tristeza, buscando refugio bajo su sombra.
Entonces sus ojos se vuelven profundos
como pozos oscuros.
Sus ojos tienen la intensidad
de ciertas preguntas.
Y la misma certeza que el mar:
en ellos, nadie entra dos veces.
Sus ojos no son verdes. No.
Son la materia con la que el verde siente..