Hay colores que no se ven con los ojos,
sino con el alma que recuerda.
Tonos suaves de alegrías lejanas,
sombras profundas de heridas abiertas.
La vida no es blanca ni negra,
ni un camino de una sola verdad;
es un lienzo cubierto de matices,
pinceladas de duda y claridad.
Hay días pintados de esperanza,
dorados como el sol al amanecer;
y noches teñidas de nostalgia,
donde el corazón aprende a crecer.
El amor tiene miles de colores:
rojo de pasión, azul de calma,
violeta de sueños compartidos
y el brillo invisible que ilumina el alma.
También el dolor guarda matices;
no siempre llega como una tormenta.
A veces es una lluvia silenciosa
que cae despacio y nos transforma por dentro.
Y así avanzamos por el tiempo,
mezclando luces, sombras y memoria,
descubriendo que cada matiz vivido
es una pincelada más de nuestra historia.
Porque somos una obra inacabada,
un cuadro que jamás deja de cambiar;
un universo de infinitos matices
aprendiendo, cada día, a brillar. ✨