Quién dijo que lo impensable no se encuentra en el epígrafe, que el anhelo por lo seguro no divaga suelto entre tus mocasines y tus entrañas.
que tu vida corre y la traes con hilo, con filo de espada torcida. Engaño de luna menguante y desdeñosa. Me miran me mira tu luz, tus flecos de sondas solares.
cuánto cuesta por dios. cuántos credos de insectos tristes; cuantas palabras que profesan lo ineludible, lo táctil desde mi capullo digital.
Quién vende esa firmeza tácita que se explora a sí misma y por qué veo tantos pliegues en tu frente casposa y ordinaria.
Tu firmeza áspera entreteje mi dulzor sideral mi recóndito confín de pieles pardas y pasadas de moda.