Stanley Herrera

Padre

Hay dolores que cambian la vida para siempre.

 

Dolores que llegan sin avisar,

que dejan vacía una silla,

un abrazo pendiente

y un corazón lleno de preguntas.

 

Pero hay padres que, aun con el alma rota,

deciden levantarse cada mañana.

 

No porque no les duela.

No porque sean de hierro.

Sino porque hay hijos que los necesitan.

 

Y cuando un hijo necesita amor,

protección y esperanza,

un verdadero padre encuentra fuerzas

donde parecía que ya no quedaban.

 

Trabaja cansado.

Sonríe aunque esté triste.

Abraza aunque por dentro esté llorando.

 

Porque ser padre no es solo dar la vida.

Es dar la propia vida cada día.

 

Es quedarse cuando sería más fácil marcharse.

Es luchar cuando sería más fácil rendirse.

Es amar cuando el dolor quiere apagarlo todo.

 

Por eso admiro a esos padres

que convierten las lágrimas en fuerza,

las heridas en valentía

y el sufrimiento en esperanza.

 

Porque quizás nadie vea sus batallas,

pero sus hijos vivirán siempre

el resultado de su amor.