Nenebu

El naufragio

Cuando se pierde el horizonte
y los sueños se desvanecen como humo entre los dedos.
Cuando el mapa que trazaste a su lado
se vuelve un borrón sin coordenadas...
Es ahí donde el silencio pesa.
Las aguas se tornan frías.
Te aferras a una ilusión que ya no abriga,
mientras la mente reconoce lo imposible
y el corazón se niega a soltar el ancla.
Viene el desvío, se pierde el timón.
La cuerda cede, se vuelve floja,
y esa vida construida a su medida
se apaga sin previo aviso.
Pero lo verdaderamente amargo no es verlo perdido,
ni que el horizonte se haya vuelto noche.
Lo difícil es no saber qué hacer
cuando cada latido era por dos.
Quedarse sin fuerzas para el gesto más pequeño.
Ver el incentivo disolverse en el aire
porque la mirada que te premiaba
ya no apunta hacia ti.
Y ahí quedas...
suspendido a la deriva.
Sabiendo que el puerto ya es ceniza,
pero sin ganas, todavía,
de remar hacia otro lugar.