LINA MARIA GARCIA

El templo de mi fe

El templo de mi fe

Mi fe no es sumisión ni el miedo que se calla,
servir con generosidad es un don de mi alma;
poner mi bien al uso de quien hoy me ametralla
no limpia el egoísmo que altera nuestra calma.

Pedir orden y aseo es un derecho humano,
el techo que me ampara no compra mi silencio;
aunque llenen mi cuarto de trastos y desgano,
la gracia de mi Dios es todo lo que presencio.

Abrir mis pertenencias, brindar lo que poseo,
exigiendo el cuidado que dicta la decencia,
no merece el castigo, el ruido ni el afeo
con que intentan quebrar mi paz y mi conciencia.

Amontonan las sillas, la losa y el reproche,
pretendiendo que sea una sierva adormecida;
mas Dios pinta de ámbar la sombra de mi noche
y enciende las ideas  que sanan mi herida.

No habrán de silenciar el canto de mi frente,
mi Padre Celestial me abraza en la marea;
saldré de las cenizas con oro reluciente,
¡y que Tu santa gracia mi caminar provea!