Una mujer de sol se despierta en mi cama,
Y su sabor de fruta se desgrana en mi almohada.
Mujer inmerecida, amada, indescifrable,
su misterio de espuma inexpugnable y quieto,
me envuelve en la penumbra con su espejo de sombra.
Sus ojos son latido de un cielo inaugurado,
como espigas de arrullo y de perfume quieto.
Es difícil no amar sin anclar en su espalda,
donde un breve rocío se acuna y se detiene.
No habrá en la vida nadie que iguale su figura
Ni mi amor, ni mi miedo, en sus pies agitados,
nadie, nadie mas brillará en las palabras,
Que emergen de sus ojos y llegan a mis manos.