Noelia Beteta

Locky

Entre la niebla de mis noches más calladas,
cuando el mundo parece olvidar mi nombre,
volviste a mí, Locky,
como vuelve la lluvia a una tierra que ya no espera.

Tu rostro apareció entre mis recuerdos,
tan lleno de vida, tan cercano,
que por un instante mi corazón ingenuo
creyó que aún escucharías mis pasos
y que tu cola volvería a responderme desde lejos.

Pero amaneció la ausencia.
Esa palabra fría que nadie enseña a pronunciar.
Ese vacío pequeño y enorme
que queda donde antes dormía un alma.

Porque nadie advierte que perder un perro
es perder una parte silenciosa de la casa;
es mirar una puerta esperando un movimiento,
es llamar un nombre en la oscuridad
sabiendo que el silencio será la única respuesta.

Tú no eras solo cuatro patas caminando conmigo,
eras mi refugio en los días cansados,
mi alegría cuando el mundo pesaba demasiado,
un corazón que no sabía de rencores
y que me amaba sin pedir nada a cambio.

Ahora imagino tu alma flotando en el universo,
corriendo por campos que no puedo tocar,
persiguiendo luces que no puedo ver,
mientras aquí abajo intento entender
cómo puede caber tanta tristeza
en un lugar donde antes cabía tanto amor.

Y qué extraño es el tiempo, Locky…
porque dicen que todo sana,
pero hay heridas que no buscan cerrarse;
solo quieren conservar el lugar
donde una vez alguien amado estuvo.

Me quedo con tus huellas invisibles,
con tus miradas guardadas en mi memoria,
con ese pequeño pedazo de eternidad
que dejaste viviendo dentro de mí.

Porque aunque la muerte te haya llevado lejos,
aunque mis manos ya no puedan encontrarte,
hay algo que ni el cielo más lejano puede quitarme:

que una vez tuve la fortuna de ser amado
por un alma pura que caminó a mi lado,
y que mientras yo siga recordándote, Locky,
tú nunca habrás partido del todo. 🐾🀍