Federico Mendo Sánchez

PADRE PESCADOR a Juan Mendo Romero

 

 

Padre, hombre de mar y de gran certeza,

de manos curtidas por el sol y la sal,

que enfrentaste tormentas con entereza,

para llevar sustento y amor sin igual.

 

Mientras las olas cantaban su destino

y la noche cubría de estrellas el mar,

tú navegabas firme por tu camino,

sin rendirte jamás, sin volver a mirar.

 

En cada red lanzada con esperanza

iban también tu esfuerzo y tu valor,

y en cada regreso al puerto de confianza,

llegaba contigo la fuerza del amor.

 

Hoy, en el Día del Padre, te agradezco

las enseñanzas que me supiste dar:

la honestidad, el trabajo y el respeto,

tesoros que nadie me podrá quitar.

 

Que Dios bendiga siempre tu vida,

noble pescador de inmenso corazón;

en las aguas dejaste tu huella querida,

y en mi alma sembraste tu mejor lección.

 

Por eso hoy, padre, junto a ti quisiera,

detener el tiempo y volver a caminar,

como cuando era niño por aquella ribera,

que guardo para siempre y no puedo olvidar.