No es que sienta miedo de tu partir.
Es porque cuando creía
encontrarme en casa,
no era mi hogar.
Porque las diferentes sillas
que probé a sentarme,
no eran de mi comodidad.
Porque la comida no tenía gusto,
ni al lado
un trozo de pan.
No es porque la cama
no fuera acogedora.
Se ausentaba el aroma de la felicidad.
Bienestar
que tú unicamente
me podías dar.