Antonio Portillo

La intemperie del testigo

 

​No hay aviso en la retirada,

solo una lenta sustracción del aire,

un comenzar el invierno

en mitad de una palabra interrumpida.

​El frío no llega desde afuera;

nace en el centro del pecho, un mineral blanco

que va extendiendo sus agujas lentas

por los pasillos donde antes

hubo una certidumbre.

​Este oficio de animal sitiado

que aprendió a oír la nieve

mucho antes de caer:

las manos sin nada,

la pupila fija en un punto

donde la luz ya no varía.

​Porque la distancia no se mide en kilómetros,

sino en el peso muerto de un silencio intacto

que alguien tiene que habitar sin pertenecerle.

​No es la ausencia, es la perseverancia de las cosas

afilando sus perfiles en la sombra:

la casa sin testigo,

el alma descalza que mide

la forma exacta de una cama vacía.

 

Antonio Portillo Spinola ©