Mi verso alejandrino pasea en tu cintura,
y sube por tu piel, igual que un remolino,
reconocer no quiere, que encuentra en el camino
los labios más perfectos que vio en una criatura.
Recorre tus mejillas con amor y ternura
cuando llega a tus ojos es igual que un felino
apoderarse quiere de su color de vino
pero preso en su brillo terminó su aventura.
Avanzar ya no puede por tu frente serena
ni soñar tus pestañas con aromas de flores
ni a tu boca volver, a pintarla de rosa.
Ya no le quedan fuerzas de hundirse en tu melena,
ni bajar a tus labios a buscar sus favores
porque lo tiene preso tu mirada de diosa.