En un instante pueden
desvanecerse los demás,
aun viéndolo borroso, embadurnado.
Toma el tiempo la forma de una flor deshojada,
de una escritura oscura que cubre lo que sobra.
De esa parte el poema resulta una polémica,
se extrapola, se vuelve más versátil, variopinto.
Luego las opiniones se cruzan, tangenciales.
Estudia geometría de vacíos
para tomar distancia y alma.
La inspiración predica cercanía.
Con las manos tendidas como un tálamo,
y sin premura, vuelve de su ceguera el verso,
como un río escondido,
como un niño callado.
Y se dibuja justo en la memoria
el momento en que el flujo se detiene.
Todos tenemos parte de este lienzo,
un flashback, en mi caso,
de las evacuaciones del destino,
y un amargo deseo de recorrerlo todo
con la misma mirada
de enumerar amores,
y no de sopesarlos.
Vuelven estas palabras…
Como si realmente fueran mudas.