Juan Ecos

El canto negro y sordo de la ciudad maldita.

El canto negro y sordo de la ciudad maldita que incrusta los puntiagudos filos en el hombre que comparte el lecho roto con las ruinas de torres caídas y el crimen indefenso. Una abyecta experiencia fue el punto culminante de mi intento por saborear un fruto que prometía ser dulce y cuya amargura me dejó desnudo con un trono en el desierto. Me volví mis caídas y adopté el tono amenazante sin buscar refugio. Desde allí el dolor y el rechazo tienen sentido. Desde allí la poesía brilla como el faro de los hombres perdidos.