¡Romance del Viento y el Nardo!
\"Soy más amigo del viento, Señora, que de la brisa.
El bien hay que hacerlo aprisa porque el mal no pierde momento\".
— P. David Pacheco.
El viento es señor airoso
de desiertos y de campos,
anda como un fiel galán
con su vestido de espanto,
guardando tras su solapa
millones de naipes blancos.
Es todo un señor de aires
que otea en su reino alto:
coronas de clavos negros
y capas de sobresalto.
Al ver pasar a los hombres
con sus corceles y nardos,
dando necias coces fieras
sobre los verdes del campo,
les baraja, riguroso,
su gran treintena de dardos.
Allá abajo, en la hondonada,
sienten su furia de espanto:
un huracán que castiga
con ponzoña y mar de dardos.
El viento sabio recorre
alegre todos sus campos;
los hombres, en marcha lenta,
van lúgubres y llorando,
ya no huelen la pureza
que les ofrecía el nardo.
Ya no huelen la pureza...
ya no huelen la pureza...
que les ofrecía el nardo.
Ya no huelen la pureza...
ya no huelen la pureza...
que les ofrecía el nardo.
Corceles sin sus jinetes
son polvo que huye raudo;
y el viento, señor del tiempo,
vuelve a su reino en lo alto,
borrando con sus cenizas
las huellas necias del fango.
Qué les ofrecía el nardo...
qué les ofrecía el nardo...
Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.