No son las horas que escurren
Ni el sol del alba que mi rostro recubre
Ni la estrella que cada noche ilumina
No el cuarto, sino el alma añeja de vida
Engreída la esencia misma
Que pretende burlar al que tiene prisa
Pelea vigorosa creyéndose intocable
Pero éste la sucumbe, no es amable
El brillo de sus perlas ya se va apagando
Y la boca suave, ya se va secando
Aunque algunos ya intentaron domarla en otrora
Éste infame no es piadoso, no perdona.