Reyshell Mendez

Bodega del tiempo

 
A veces quisiera correr,
olvidarme del mundo
y nunca más volver.
A veces retornan los porqués,
las preguntas mudas,
la sombra de lo que fue.
¿Por qué las lágrimas no me sueltan?
Si aprietan mi pecho,
si inundan mis grietas,
como una bodega pesada y gris
que llevo arrastrando
desde mi niñez.
Adentro guardo juguetes rotos,
silencios impuestos,
promesas vacías y viejos retratos.
Sustos de niña que nadie miraba,
paredes oscuras donde el miedo habitaba.
A veces quisiera correr,
no sentirme asustada
ni desamparada
en este piso frío
que ancla mi alma.
Este cemento que me congela los pasos,
como una losa que me roba las fuerzas,
un hielo invisible que me amarra los pies
mientras la tierra me hunde hacia abajo.
Es una cárcel de mármol y espinas
que me aprisiona y no me deja avanzar.
Y en el silencio me pregunto:
¿Qué te detiene?
Si el peso es de ayer,
sé que lo puedes hacer, pero no me puedo levantar.