¡Amor, perdóname!
Amor, perdóname no te supe comprender
no entendí tu dolor, tu abandono interno, no hubo empatía
A tus miedos, tu soledad es igual como la mía
Quise poner un bozal a tus palabras de angustia
Un antifaz a tu llanto desgarrador que no pudiste detener
Una máscara a tu estado emocional que pedía auxilio
Me atreví a decirte que era odio el que sacabas en tus versos.
Porque tenías el alma sucia y contaminada de rencor
No tuve empatía para contigo, gano mi orgullo y no te comprendí
No quise decirte que yo estaba pasando lo mismo, me puse una máscara.
Perdóname amor, no te comprendí. Yo llevó años pasando lo mismo.
También peleo con mis demonios en mis insomnios me acusan
me hacen sentir el miedo hasta los huesos que crujen como pan seco.
La Soledad igual que tú yo la he padecido, amor, me castigo por entenderte.
Más abajo está el llanto desgarrador de mis soledades y mis miedos.
Estoy peleando con mi soledad
La que me recuerda todos los días quien soy,
Con mis años vividos haciéndome sentir más vieja
Ahora llevo el pelo teñido, y se pierde la lozanía de mi piel
Tengo una vida sin amor presente, te vivo ausente, amor.
La noche es un tormento para mi por no estar contigo.
No vivo para mí y no vivo ni para ti y eso me está acabando.
Se me está yendo la vida, es un día menos de vida el que vivo
Peleo por seguir viviendo por mis hijos, nietos, hermanos.
Quiero vivir hasta el último suspiro de mi vida para ti.
También peleo con mis demonios internos de celos, ira, coraje,
Quiero irme y olvidar todo lo que me faltó y no lo tuve.
Quiero agradecer lo que si tengo y he disfrutado al máximo
Quiero secarme como los árboles que se pudran mis raíces
Para no ser más amada, ni recordada quiero morir en soledad.
Ahora recuerdo con alegría a mis padres, hermanos, esposo e hijos.
Quiero quedar sepultada bajo tierra y no sentir la soledad.
Enterrar mi vida sin dejar huella que otros sigan.
Ser olvidada con los muertos, las flores se sequen y no digan quien fui.
Alicia Pérez Hernández… México
No es la pluma la que escribe, es el alma
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El Barniz del Escombro
Crecí sentado. Me quedé tan quieto en esa maldita silla que mi alma terminó por segregar su propia grasa: un barniz de abandono pegado a la madera, la huella de alguien que se olvidó de respirar.
Traté de inventarme rostros para aliviar esta soledad crónica, pero la gangrena del silencio ya reclamaba el bullicio del pálpito. Esperé que esa infección cariñosa me devorara, pero ni el amor tuvo la piedad de contagiarme; pasó de largo con el asco que se le tiene a un muerto que aún no se ha caído. Envejecí apretando un puñado de polvo que antes llamaba futuro.
Y justo ahora, cuando la manzana de Adán se hunde con un nudo de aire, la piedra se rompe. Siento una humedad herética en las cuencas, un llanto de mierda que llega tarde. Me queda mi propia descomposición y esta tierra que siempre supo esperar.
Autor: Álvaro Sampayo