La poesía no se escribe, se siente.
Recorre tus venas como un rayo eléctrico
y cuando llega a tus manos, toma la pluma y se escribe sola.
No eres tú.
Es ella.
Te dicta, te arrastra, se mueve urgente, ansiosa de existir.
Y cuando por fin termina la página…
se despide.
Un beso en la mejilla.
Una sonrisa.
Un guiño.
Y se va.
Gen6