¡Libre!
Mi querida niña, déja de llorar, ahuyenta el miedo...
No te abandonó, niña.
Sólo te encerró bajo llave, por un tiempo, en la arqueta de sus sueños, para proteger su secreto inviolable y sin embargo tan radiante, tan vivo, para protegerlo del infierno.
Niña, te lo prometo, no es un abandono.
Sigues siendo la prueba de que la felicidad todavía le es posible pese a una realidad demasiado dolorosa. Una prueba imprescindible para su supervivencia.
No lo abandones, mujer.
Tienes el poder de proveerle oxígeno a quien está asfixiando y que esto te haga feliz a ti también.
¿Qué importa que esté obligado a cerrar la arqueta, de vez en cuando, durante tanto tiempo?
Mientras tanto tú sigues viva.
Si no es abandono, no tienes por qué sufrir, y en todo caso ya no eres una niña abandonada.
Eres una mujer libre, capaz de elegir.