En algún lugar del idioma
existe una puerta hecha de tinta.
No conduce a ninguna ciudad:
conduce a las voces.
Allí,
los poemas llegan descalzos,
trayendo en los bolsillos
fragmentos de luna,
llaves perdidas,
pájaros que olvidaron el cielo.
El portal los recibe
como un viejo faro de palabras.
Y cada verso que entra
sale convertido en otra cosa:
una sombra que canta,
una herida iluminada,
un pequeño milagro respirando.
Poemas del Alma,
biblioteca construida con latidos,
donde la soledad aprende
que también puede ser compañía.
Daniel Omar Cignacco © 2026