Hay quienes he visto
huir de sí mismos.
Arrojan de prisa
las llaves del sueño
y borran las huellas
de su dormitorio.
¿A qué le tienen miedo?
Dejaron su nido, sus críos,
sus jardines, sus inviernos yertos.
Pusieron candados
a sus desaciertos.
L.G.