Alberto Escobar

Esperas

 

 

Esperas, 
una sala sombría,
consulta de barrio,
profundo el dolor
que no cesa, tensos
los minutos que pasan.
Esperas, 
el doctor sale, pronuncia
un nombre, no el tuyo,
y la tensión del instante
se disipa en un pozo,
y vuelven tus ojos 
a la revista, cotilleos
sin importancia, mente
que se distrae inteligente,
no conceder al tiempo
el protagonismo que tiene.
Esperas, 
el resto fluye, sale y entra,
y el doctor te ignora,
mira para otra parte, otro,
y no acaba de pronunciar
tu nombre; y de repente,
se te prende el bombillo,
y contemplas la posibilidad
de que tu nombre —esperado
como nunca— no figure
en los papeles que el doctor
—al margen de ti—
maneja; y te decides, reacia,
a levantarte de tus cotilleos,
preguntar al doctor, rozando
su bata, si tu nombre
está escrito. 
Y dijo, no.