Luis de leon

ESE

Hay amores que llegan sin permiso, que derriban las puertas que juramos cerrar, que encuentran el camino exacto hacia las partes del alma que creíamos olvidadas.

Hay personas que se quedan viviendo en cada canción que escuchamos a solas, en el silencio de la madrugada, en el café que se enfría entre las manos mientras pensamos en aquello que prometimos dejar atrás.

Y ahí estás tú, intentando convencer al corazón de lo que la razón repite una y otra vez: que no siempre quien nos hace temblar es quien mejor sabe cuidarnos.

Pero el amor no entiende de consejos, ni de despedidas bien escritas, ni de noches enteras jurando que esta vez será la última.

Porque hay abrazos que se vuelven refugio, miradas que parecen hogar y besos capaces de borrar, aunque sea por un instante, todas las heridas.

Qué difícil es alejarse de quien conoce nuestros miedos, de quien ha visto nuestras lágrimas y aun así consigue robarnos una sonrisa.

Qué difícil es aceptar que a veces el mismo fuego que nos ilumina también puede quemarnos.

Y aun así vuelves.

Vuelves porque recuerdas su risa en medio de los días grises. Porque nadie ha logrado tocar tu alma de la forma en que él lo hizo. Porque hay recuerdos que laten tan fuerte que parecen tener vida propia.

Vuelves porque el corazón guarda esperanza incluso cuando duele, porque imagina futuros imposibles y cree en promesas que nunca terminan de cumplirse.

Tal vez el amor sea eso: una batalla silenciosa entre lo que merecemos y lo que sentimos.

Tal vez amar sea aprender que nadie tiene el poder de completar nuestra existencia, que el verdadero refugio debe comenzar dentro de nosotros.

Y si un día decides marcharte, hazlo sabiendo que fuiste valiente. Que amar con toda el alma nunca será un error.

Error sería olvidarte de ti por quedarte en los brazos de alguien más.

Porque mereces un amor sereno, uno que no te haga dudar de tu valor, que no llegue como tormenta para irse como el viento.

Mereces unos ojos que te miren como se mira el amanecer: con asombro, con paz, con la certeza de querer quedarse.

Y mientras descubres si ese amor existe, abrázate fuerte.

Recuerda quién eras antes del miedo, antes de las dudas, antes de confundir costumbre con destino.

Porque cuando aprendas a elegirte, cuando entiendas que tu corazón también merece descanso, entonces ya no volverás a quien solo supo dejar huellas de ausencia.

Y si algún día alguien regresa queriendo habitar tus noches y tus sueños, que encuentre en ti a una persona que ya no se pierde por amor, sino que comparte su luz.

Porque el amor más profundo, el que nunca traiciona, el que permanece incluso en las despedidas, siempre comienza por uno mismo.