Azar - Capítulo 2
El granjero
Trató de entender y aceptar el destino. De por sí abrupto, desbordante, emotivo y desordenado, todo resultaba bastante difícil. Estaba acostumbrado a llevar todo en orden, y aquello le despeinaba la existencia.
A sus cuarenta y dos años, aquellas cavilaciones llegaban a sorprenderlo, dejándolo impávido y sin respuestas.
Los flashes que invocaba involuntariamente serían producto de un estado que, a veces, respondía a esos encuentros.
¿Eran tan solo encuentros íntimos? Todo parecía indicar que no.
La confusión que sentía era producto de otra cosa.
Se estaba enamorando, y eso lo asustaba, porque se daba cuenta de que aquello podría cambiarlo todo, como consecuencia de transformarse en una relación formal. Podría ser…
Lo charló con amigos, y era posible. Aunque algunos de ellos estaban separados. Tampoco eran para tomar en cuenta a pie juntillas. Pero Horacio pensaba que su propia experiencia no le había deparado grandes trastornos, por lo que se animó a continuar.
A veces pensaba:
—¿Cómo puede ser posible ser juguete del azar?
Porque habían pasado varios años y ya había desistido de relacionarse con una mujer en serio.
Reflexión
Hasta antes de este episodio casual, su existencia vagaba entre el hastío, el trabajo y sus sueños. Algunos momentos tiernos, pocas alegrías —un tanto monótonas— y una vida sin pasión.
Hasta que algo, o alguien, te sacude muy fuerte.
Y desde ese momento nos queda el presente revuelto, porque ya nada será igual.
Parece mentira: mucha gente pasa a nuestro lado, pero una —tan solo una— cautiva nuestra atención y nuestra alma.
Solo supo cuánto la amaba con el paso del tiempo. Los días pasaban y el caos lo excedía.
Pero no supo por qué.
Era tan feliz cada vez que la encontraba; el problema era que no sabía cuándo la volvería a ver. Esto minaba su integridad, aunque, poco a poco, se dejó imbuir por el destino.
♣
Autor: Vientoazul 🦋⃟
©
Imagen generada por IA
Fin Capítulo 2