No vengo a describirles imágenes
desnudas, ni lenguaje tumbero
o carcelario. No romantizo
a la delincuencia, tampoco
la demencia social.
Carentes de pensamiento
crítico, razonamientos
y aspavientos de palabras.
Solo escribo tontos versos,
impresos en lo abstracto
incomprendido.
¿Por qué son así mis versos?
Si saben que el que lucha
no está perdido, sino redimido
afín a la estructura, desatado
a la humana esperanza.
De su confortable cerebro
y prestancia, no celebro
ni me alegro.
Desecho de cadena por jalar
hacia la condena
de verbena oscura libertaria.
Da bronca el pernoctar triste
de ideas, se festeja la estupidez
plena, la frivolidad.
El ser humano como envase
descartable, éticas superficiales
sin bases sólidas.
Gestos infantes y posturas
intolerantes, permeables, vacuas.
No se tolera a la manada
de fieras imberbes, que ingenua
espera un cambio, ingenua
de obediente, triste desclasada.
De sus confortables cerebros
y prestancias. No celebro
ni me alegro.
Hernán J. Moreyra