Sebas 1987

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​Te miro desde la otra calle, inversa,

libre de charcos, de perros,

de insomnio,

de encontrar siempre las cosas que perdemos;

con un espantapájaros y una promiscua promesa mimada por tías.

​El estiaje finaliza en la espuma sagrada,

voceaba el diario en su último día:

—Y nadie le rezará a esas difamadas existencias por más esfuerzo que hagan—.

(Decía el viento tapándose la cara).

​Ínfimo el corazón, esclavo superficial,

luciérnaga podrida genera absurdos en la luz.

Luego de las trapacerías de la roca santa,

desde el espejo del placer a la fiebre brava,

mecedora meretriz boca abajo

le da palidez a la noche.

​Y uno con una noche de dos días

y un cigarro que se retuerce plateadamente.

El humo huye como de costumbre:

huele portadas y huye de la mala maña.