El primer acto de libertad
Es tomar conciencia;
El segundo es
Para qué.
En este sentido es el de por qué siempre digo de leer diferente.
La China de los rascacielos y de los trenes de altísima velocidad, la China moderna y futurista no es sino una vulgar copia de aquella New York de los años cuarenta del siglo pasado, la también ciudad de los rascacielos que fue construida con mano de obra esclava, de gente venida de África, de Asia y de esta América del centro y el sur aún colonial. Esta China de hoy no se entiende si no se sabe qué ocurre y sucede en sus barrios bajos, periféricos y empobrecidos; espacios infectos de millones de inmigrantes del interior que, forzadamente, se vieron obligados a dejar las aldeas y campos de cultivos; son personas, hoy, en la que se apoya el milagro chino y también personas con vidas heroicas por un tiempo y a rato también cutres: es el milagro del capitalismo en un país comunista.
Dentro de una hora tomo un avión para Madrid y desde primera hora de la mañana ya había metido en la maleta la novela “Historia del extrarradio”, del escritor chino Xu Zechen que empecé a leer este fin de semana pasado. En esta novela, de ficción pero en la que se lee y se descubre mucho de la verdad que China oculta, uno vuelve a saber de algo que ocurrió en 2010 y que fue de una oleada de suicidios de trabajadores de muchas empresas pero en concreto de Foxconn, un proveedor de Apple en el sur de China, esto fue noticia por un corto tiempo, días solamente, en las televisiones de Europa. La casi totalidad de aquellas personas que decidieron quitarse la vida eran jóvenes que llegaron a los centros urbanos desde el campo: se habló, en Occidente, del coste humano que el milagro chino necesitaba para ser la gran potencia del siglo XXI, o a partir de éste.
En esos años se empezó a saber de quiénes eran los “Mingong” y que son de los que se hablan en esta novela: La gente que se vieron obligadas a abandonar el campo para trabajar en las ciudades, en las grandes empresas chinas y otras que se implantaron allí, en concreto en el sur China, en un estado de total esclavitud en el cual los días laborables eran de 16 horas diarias, siete días a la semana. En esta novela se cuenta – repito, es una novela de ficción en la cual se cuentan casos y hechos reales -, que el Partido Comunista de China viendo la situación, en cuanto a los suicidios, se puso nervioso, no le interesaba cara al exterior una imagen de precariedad e intentó, lográndolo, cambiar la situación. Veinte años después, hoy, hay y existe una sociedad, igualmente esclava a la que en ciertos sectores se les siguen llamando Mingong pero ahora más invisible y con otro nombre: “Ejército principal de la fuerza laboral industrial china” y que es la que de manera rimbombante tanto China como Occidente define como la causante del gran milagro y avance de la industria del progreso en China.
Al final no dejan de ser esclavos, antes hijos del campo de los noventa, en que se rompió lo que se llamaba “El cuenco de arroz de hierro”: comida y trabajo para todos y ahora todo igual, o casi, pero en la gran ciudad industrial. Invisibles. Este cambio al capitalismo salvaje dentro de un país comunista es el que Occidente silencia quiere y del que ni se queja ni ataca, en fin. Veremos qué pasará cuando China despierte.
Este es el sistema que el Orangután del Norte prepara para Cuba y que ya está rediseñando en Argentina, Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile, El Perú e incluso pronto en México.